Parque de la Paz   広島平和記念公園

Fecha de publicación :
Cúpula de Genbaku en Hiroshima.

Cúpula de Genbaku en Hiroshima.

Cenotafio en el cual están escrito los nombres de las víctimas.

Cenotafio en el cual están escrito los nombres de las víctimas.

Lámparas frente a la cúpula de Genbaku, el 6 de agosto.

Lámparas frente a la cúpula de Genbaku, el 6 de agosto.

Domo de Genbaku en Hiroshima.

Domo de Genbaku en Hiroshima.

¡Ganbarimasu! ¡Vamos a persistir!

A pesar de ser un símbolo de una tragedia nacional el parque de la paz no invita a regodearse en la tristeza del pasado, sino más bien a pensar en un futuro radiante.


Los japoneses no de los que se debilitan con las catástrofes, sino, al contrario, ellos se recuperan rápidamente y continúan con la cabeza en alto. El 6 de agosto de 1945, Hiroshima cambió para siempre. Más que un final, el bombardeo dio origen a una nueva era. La ciudad se recuperó de una manera notablemente rápida y adoptó una nueva filosofía para promover el pacifismo.

Una ciudad comprometida

Sin duda alguna, el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima es ante todo un lugar de memoria y paz. De lejos, la famosa cúpula parece una estructura metálica como las que hay en los parques infantiles. Su color rosa pastel combina perfectamente con los tonos verdes del césped y de los árboles que lo rodean y a veces los cuervos se suben en su punta y observan desde lo alto la ciudad. 

Para nunca olvidar de lo que somos capaces los humanos, la cúpula se mantendrá sin ningún tipo de cambios, en el extremo noreste del parque al otro lado del río Motoyasu. En 1996, la Unesco nombró la cúpula Genbaku Patrimonio de la Humanidad, y aparte de algunas adiciones para la garantizar su integridad estructural, esta se mantiene sin cambios, en el mismo estado en el que quedó después del fatídico día de agosto de 1945. La cúpula era una antigua sala de exposiciones industriales de la prefectura de Hiroshima y un claro reflejo de la actividad floreciente en la región. Fue el único edificio que sobrevivió la gran explosión.

Hoy día, los viajeros de todas partes del mundo se reúnen frente a las ruinas, cerradas por rejas, para orar por los más de ciento cuarenta mil víctimas de los bombardeos. Es difícil no conmoverse al ver por todos lados la multitud de botellas de agua que se colocan en el suelo como ofrendas a las miles de personas gravemente heridas que vagaban por las calles de la ciudad después de la explosión, sin poder calmar la sed debido a la "lluvia negra" de cenizas que caía sin parar.

Trascender la nada por medio de la estética

Pero la tristeza no es lo que prevalece en el parque. Cuando el cielo está azul brillante no hay nada que perturbe la tranquilidad de los campos abiertos donde las familias y las parejas disfrutan del día. 

Al otro lado del parque está el Cenotafio, o tumba vacía, donde están inscritos los nombres de las víctimas. Un arco protector funciona como símbolo sintoísta y cuida las almas de los difuntos. Aquí también se encuentra la llama de la paz que está encendida desde 1964. El monumento tiene la siguiente inscripción "que todas las almas aquí descansen en paz pues no repetiremos el mismo error ". El "nosotros" exhorta a toda la humanidad a no olvidar nunca los horrores de Hiroshima que ahora son un ejemplo de lo que nunca jamás puede volver a suceder.

El conmovedor significado de estos tres fuertes símbolos de la catástrofe (la cúpula, el arco y la llama) toma aún más fuerza en el Museo Memorial de la Paz. 

Una meditación universal

Cada quien a su manera pone de su parte para mostrar empatía por las víctimas de la catástrofe:

Al noreste del cenotafio, el monumento a las víctimas contiene los nombres de todas las personas desaparecidas por semanas y meses después del 6 de agosto. Justo al sur del monumento se encuentran los "árboles fénix." Estos árboles trasplantados desde diferentes lugares de la ciudad, son las única plantas que sobrevivieron la tragedia y todavía muestran rastros de quemaduras.

En el centro del parque, entre los puentes de los ríos Honkawa y Motoyasu, no lejos del monumento a los estudiantes movilizados, está el monumento dedicado a los niños. Probablemente el lugar más conmovedor de todo el parque, este monumento rinde homenaje a los cientos de jóvenes atrapados a muy temprana edad por inútiles venganzas políticas. Aquí también se rinde homenaje a aquellos, que aún después del bombardeo perseveraron y continuaron con esperanza, como por ejemplo Sasaki Sadako (1943-1955). Esta niña, una de las sobreviviente de la catástrofe, vivió "normalmente" hasta 1955, cuando la leucemia le quitó la vida.

Según una leyenda japonesa, cualquiera que construya mil origamis de grullas puede obtener sus deseos cumplidos. Fue con esta esperanza que Sadako empezó a doblar fervientemente hojas de papeles coloridos. Lamentablemente murió antes de poder completar la tarea, cuando ya había hecho seiscientos cuarenta y cuatro grúas. Esto inspiró que cientos de niños lleven miles de las grullas de papel como símbolo de paz a los pies del monumento en cuya cima está la figura de una niña mirando hacia una campana de bronce.

Ya sea por medio de los pequeños homenajes cotidianos alrededor que cada monumento o con grandes eventos como la ceremonia memorial, los que visitan este parque conmemorativo muestran humildemente su respeto por las víctimas y su deseo de prevenir una tragedia como esta en el futuro. 

La visita a este parque lo deja a uno con una sensación positiva y esperanzadora al ver que individuos, y en este caso toda una ciudad entera, están dispuestos a oponerse a semejantes atrocidades. 

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