Kagoshima   鹿児島

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Kagoshima: El bello sur

En el extremo de la isla Kyushu, vive Kagoshima, entre la memoria de un rico pasado y la intrigante amenaza del volcán Sakurajima. A menudo comparada con Nápoles en Italia, Kagoshima es un encantador reino de aguas termales. Esto se lo debe a uno de los volcanes más activos de Japón, el Sakurajima.

Belleza y peligro. ¿Qué sería de Kagoshima sin el famoso Sakurajima ("isla de cerezo"), uno de los volcanes más activos del mundo? Su última erupción en 1914 fue monstruosa. Sus pendientes sulfurosas están cerradas al público, pero la humeante cima sigue siendo la principal atracción del sur de Kyushu, y ofrece un agradable paseo en barco y las preciosas vistas de la bahía Kinko.

De Kagoshima a Satsuma

Puede que sea por su apodo el "Nápoles de Oriente" (quien es vecina al Vesubio), o será tal vez por su clima templado, ambiente relajado, y sus palmeras (poco comunes en Japón), que Kagoshima es un destino tan popular. La verdad es que no es la ciudad más vibrante de Kyushu - especialmente comparada con sus rivales Fukuoka, Nagasaki y Kumamoto- pero su sol, su gastronomía y su diferenciada identidad la hacen muy placentera, por ejemplo para dar un paseo por las orillas del Dolphin Porto en el parque Shiroyama Park, el pulmón verde de la ciudad.

Si dispones de un día extra no dejes de recorrer la península de Satsuma (al sur), visitar las casas samurai de Chiran y ver la alucinante arena negra de Ibusuki. Luego puedes irte en ferry a Yakushima, una isla con cedros centenarios, clasificado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.


Kagoshima, presentado por la Oficina de Turismo de Japón

"Satsuma": el nombre de la antigua fortaleza feudal de Kagoshima hace eco de los acontecimientos históricos que moldearon la identidad local. En 1549, su pequeño puerto fue testigo de la llegada del misionero jesuita Francisco Javier, que vino de Portugal para evangelizar un archipiélago que todavía era desconocido. Pero a la final fue Nagasaki quien se convertiría en la capital del Japón cristiano, antes de que se prohibiera esta "religión salvaje".

El último samurai

En el siglo XIX, cuando Japón es presionado y se abre al comercio con Occidente, el señor Nariakira Shimazu, un apasionado de la ciencia y la cultura europea (importó la primera cámara de daguerrotipo en Japón), construyó la primera fábrica moderna del país. Más adelante la fábrica Shôko Shusei-kan produjo armas y barcos, y ahora es un pequeño museo dedicado a la historia local, en el medio del hermoso jardín Iso-tei.

Pero la revolución Meiji molesta a la aristocracia local y los samurais de Satsuma se sublevan contra la abolición de la clase guerrera. El gran Saigo Takamori quería que el emperador entrara en razón y lanza sus tropas para asaltar el castillo de Kumamoto  Fueron derrotados, y la famosa rebelión Satsuma terminó en sangre y resignación.

Saigo Takamori se suicidó en la colina de Shiroyama en 1877, pero para los japoneses sigue siendo un héroe con un corazón puro que murió por sus ideales. Prácticamente un ideal colectivo. Su silueta rechoncha y cara seria se encuentra en muchas figuritas de los recuerdos locales.