El Jardín Kenroku-en   兼六園

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El estanque del parque Kenroku-in.

El estanque del parque Kenroku-in.

Luces del jardín Kenroku-in durante el invierno.

Luces del jardín Kenroku-in durante el invierno.

El jardín Kenroku-in en primavera.

Los iris del jardín Kenroku-in en primavera.

Kanazawa Kenrokuen bajo la nieve.

Kanazawa Kenrokuen bajo la nieve.

Los cerezos en flor del jardín Kenrokuen.

Los cerezos en flor del jardín Kenrokuen.

El jardín Kenrokuen en otoño, con los arces en llamas.

El jardín Kenrokuen en otoño, con los arces en llamas.

Las seis virtudes capitales

¡Los japoneses aman tanto la naturaleza! Con toda la belleza natural del archipiélago era inevitable que surgiera un culto a las estaciones y se apoderara del imaginario colectivo.El arte del diseño de jardines es una manera de demostrar su amor por ella.


En Kanazawa el año está marcado por las estaciones que pintan los paisajes de Kenroku-en. Este jardín es el centro de la vida turística, histórica y cultural. Es el símbolo de la ciudad. Las tiendas de recuerdos están llenas de imágenes con escenas que reproducen las famosas lámparas de dos patas que están en el centro de este jardín. 

Los seis principios

Al lado del Parque del Castillo de Kanazawa está la calle que lleva al jardín, llena de tiendas de todo tipo. Una vez que se pasa la avalancha de turistas y el acoso del comercio, uno se puede dejar llevar por la tranquilidad del "jardín de las seis virtudes". El Kenroku-en fue diseñado siguiendo los seis ideales de la composición de paisajes. Estos seis principios están organizados en pares.

El primer par de principios, "espacio y aislamiento", se reconoce fácilmente en este jardín. Situado en las alturas de la ciudad, estos 30 acres están bien retirados del caos urbano y proporcionan un descanso de la rutina diaria. Además del los grandes espacios abiertos del Kenroku-en, uno también puede encontrar privacidad en ciertos rincones discretos.

El segundo par de principios, "lo artificial y lo auténtico" se pueden reconocer en el concepto mismo de un jardín hecho para ser paseado: la reproducción de la naturaleza utilizando las mejores técnicas para hacerla parecer lo más real posible. La autenticidad además se revela a través de las diversas esculturas y edificios antiguos que rodean el camino: lámparas, casas de té, estatuas ...

El último par de principios es "puntos de agua y panoramas". Nada difícil de encontrar en Japónesta combinación está muy bien lograda en el Kenroku-en. El estanque principal, el Kasumiga-ike, se abre hacia la ciudad desde la cima de una colina. La vista desde aquí se sumerge en el valle, el mar y las montañas de los alrededores antes de voltearse a este Edén cerrado y marcado por estanques de variados ambientes.

El palacio de las cuatro estaciones

En el Japón medieval un jardín era sobre todo un signo de poder y de sensibilidad estética, cualidades esenciales de los líderes locales. Así, el señor Maeda Narinaga (1782-1824) diseñó el Kenroku-en en 1822 para convertirlo en uno de los jardines más impresionantes del país.

Hoy en día, se recuerda sobretodo su peculiar linterna de piedra. Se llama kotoji debido a que su forma asemeja la pieza de madera de un koto (instrumento de cuerda japonés). Su balance precario es un símbolo inequívoco del Kenroku-en.

La mirada nunca se cansa de apreciar los escenarios que cambian constantemente con las estaciones. Los colores cálidos de los arces llenan de rojo el jardín bañado con una luz suave del otoño. En invierno, los paraguas de madera (yukitsuri) cubren los árboles para protegerlos de las fuertes nevadas haciendo que estos parezcan bailarinas, mientras que la espesa capa blanca de la nieve absorbe los sonidos de este paisaje mágico. La primavera llena de luz y color el paisaje, y los ciruelos y cerezos en flor explotan como fuegos artificiales. Por último, aunque el calor del verano puede ser difícil soportar, es un buen precio a pagar para disfrutar de los colores de los lirios y las azaleas.

La eterna pregunta es: "¿Qué estación es la mejor para visitar el Kenroku-en?". La respuesta es que todas pues cada una tiene una belleza particular. Una cosa es cierta: el Kenroku-en se merece el título del jardín más bello del país, el cual comparte con el Koraku-en en Okayama y el Kairaku-en en Mito.

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