Koyasan   高野山

Fecha de publicación :
Funicular Koyasan

El funicular Koyasan

Cementerio Okunoin en Koyasan

Los caminos de cedros en el cementerio Okunoin.

Koyasan

Procesión hacia un templo en Koyasan

Pagoda Danjo Garan

Pagoda Danjo Garan

Mausoleo de Koyasan

Mausoleo de piedra en el bosque de Koyasan.

Misterio y contemplación

Se puede decir que Koyasan, la montaña sagrada más mística de Japón, no se puede describir, se debe vivir. Esta ciudad religiosa, cerrada en sí misma durante mucho tiempo, con templos que son hostales y un bosque-necrópolis, invita a la espiritualidad.

Desde las ventanas del tren regional de Osaka, se ven desfilar los paisajes bucólicos. Al corto tiempo, las casas son cada vez más escasas y las colinas se cubren con un manto boscoso. La naturaleza se apodera de todo. No muchas personas llegan hasta la última parada, al pie de la montaña.

Allí, un funicular rojo y blanco que parece un juguete, sube a sus pasajeros hasta la ciudad monástica, pasando a través de túneles de hortensias. El viaje no termina allí puesto que los últimos kilómetros, considerados sagrados, sólo se pueden recorrer a pie. 

Koyasan no es de fácil acceso y los visitantes pueden llegar al corazón de la ciudad únicamente en autobús. En el pasado, los peregrinos entraban en el recinto sagrado por el Daimon, la puerta antigua, mientras que las mujeres, que no tuvieron derecho a entrar sino hasta 1872, se quedaban en Nyonindo .

Un culto único

De los siete mil habitantes de Koyasan casi la mitad son monjes. El resto se compone de sus familias, nacidas de los matrimonios que tuvieron lugar después de la llegada de las mujeres. Con ciento diez templos todavía activos la ciudad, también sede de la escuela budista shingon, sigue siendo un centro religioso muy influyente.

El Kongobuji, templo donde reside el sacerdote más alto de Koyasan, sirve como portavoz de la comunidad religiosa. Esta se centra principalmente en el culto del fundador de la secta Shingon, Kukai (774-835), más conocido en Japón como Kobo Daishi. El es una figura clave en el budismo japonés y todavía inspira gran respeto entre los habitantes y budistas en general, que no dejan de rendirle homenaje, por ejemplo, durante Aoba Matsuri, la celebración de su nacimiento.

Las leyendas que rodean su vida abundan y son muchos los que creen que todavía está vivo meditando en lo más profundo de Okunoin, el cementerio donde se encuentra su mausoleo. Un bosque de miles de tumbas que cubren gran parte del este de la ciudad contribuye al aura de misterio del Monte Koya.

El lado opuesto de la ciudad, hacia el oeste, se encuentra el "recinto sagrado" Danjo Garan. Los numerosos edificios religiosos y la pagoda bermellón observan majestuosamente cada transeúnte. Koyasan custodia celosamente sus bienes más preciados en un museo, el Reihokan, con el fin de protegerlos de tiempo y el mercado negro.

"Abrirse al mundo entero"

Este lema de la ciudad desde su fundación, se hizo aún más relevante cuando Koyasan se abrió al turismo en la segunda mitad del siglo XX. Los templos que se dedicaban hasta ese entonces al shukubualbergando sólo peregrinos, se transformaron rápidamente en hoteles, con habitaciones que incluyen televisores y tuvieron mucho éxito. La comercialización de lo sagrado también ha llegado al Monte Koya y no es raro ver a los monjes en sotanas que van a hacer sus compras conduciendo sus coches de lujo.

En realidad, el espíritu de Koyasan sigue presente aunque la comunidad es parte de la modernidad, todavía vive fuera del tiempo. Por ejemplo, el gomadofu, especialidad local, todavía se fabrica en la tienda Hamadaya siguiendo las más antiguas tradiciones, y en 2004, la ciudad fue incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.  Ni las lenguas más viperinas pueden negar que visitar Koyasan es una experiencia única y profundamente espiritual. Bien sea después de un día o de un año, todos salen de aquí un poco transformados.