Santuario de Itsukushima   厳島神社

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Torii del santuario Itsukushima.

Torii del santuario Itsukushima.

El complejo tiene su propio escenario flotante pare presentaciones de teatro Noh.

El complejo tiene su propio escenario flotante pare presentaciones de teatro Noh.

El Ema del santuario Itsukushima.

Los Ema del santuario Itsukushima.

Los reflejos en el agua crean una atmósfera mágica y conmovedora.

Los reflejos en el agua crean una atmósfera mágica y conmovedora.

Con los pies en el agua

Dejemos de lado la modestia para disfrutar de todo el esplendor del santuario de Itsukushima

Esta vista es un clásico del imaginario tradicional japonés: una puerta roja gigante que remoja sus pies en el mar. Este torii marca la entrada al lugar más sagrado de la isla Miyajima.

Se dice que desde el mar su silueta parece la de un pájaro agarrando vuelo. Cuando la marea sube las olas rompen contra los pilares del monumento y este parece flotar tan ligero como una pluma. Los ojos se maravillan ante el contraste entre el color rojo brillante de la estructura arquitectónica, el azul marino y el verde oscuro del bosque, todo en el mismo cuadro.

El nombre del edificio proviene del nombre de la isla que antes era llamada Itsukushima. Pero debido a la fama de sus sitios religiosos la isla cambió su nombre a Miyajima, literalmente "la isla del santuario."

Una hermosa isla en el mar

Una vez pasada la entrada, unos largos pasillos con techos de paja conducen a la sala principal. Durante la marea baja se puede bajar y caminar por la playa, muchas veces con la compañia de los ciervos que son lo suficientemente curiosos como para venir a observar las conchas.

Desde los pies del torii, el visitante se da realmente cuenta del tamaño impresionante de la construcción y redescubre el monumento mirándolo desde abajo. Una vez que se sale de la estructura principal se puede visitar el tesoro del santuario. Este cuenta con numerosas obras de arte y objetos de excepcional artesanía. El complejo cuenta con su propio escenario flotante de teatro noh, cuyas tablas desvergonzadamente abandonan el color rojo y muestran el color de la madera desnuda.

Un guardian con pies marinos

Desde el siglo VI la isla de Miyajima es un lugar sagrado donde se honra a los kami (dioses sintoístas). En esta época existía un sitio dedicado a ellos donde se les honraba y a donde la gente venía con regularidad a dejarles ofrendas. Pero en 1168 Taira Kiyomori (1118-1181), uno de los hombres más poderosos de Japón en ese momento, ordenó la construcción del santuario para albergar los rollos de sutras que había ordenado copiar. Fue entonces que el Itsukushima Jinja tomó la forma que tiene hoy y plantó sus pies en el agua.

La arquitectura del edificio todavía sigue estando muy marcada por el estilo del final del período Heian, un período en el que habitualmente se usaba este color bermellón y techos de paja. A pesar de que el edificio ha sido destruido en numerosas oportunidades, incluyendo la destrucción de 1555 para marcar una derrota militar y la dominación de la región, siempre ha sido reconstruido de forma idéntica y en su forma más pura. Desde 1996, el sitio, al igual que la cúpula del Parque de la Paz en Hiroshima, es un patrimonio mundial de la UNESCO. 

Al final de la tarde, una vez que la flota de turistas se retira, no dejes de disfrutar de la puesta de sol y admirar la iluminación nocturna: los reflejos que tiemblan al ritmo de las olas te tocarán el alma. 

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