Kofukuji   興福寺

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Pabellón del templo Kofukuji.

Pabellón del templo Kofukuji.

Lámparas frente a la pagoda de cinco pisos del templo  Kofukuji.

Lámparas frente a la pagoda de cinco pisos del templo Kofukuji.

Un ciervo visita la pagoda de cinco pisos del templo Kofukuji.

Un ciervo visita la pagoda de cinco pisos del templo Kofukuji.

Sublime serenidad

El templo tutelar de la poderosa familia Fujiwara es considerado uno de los más bellos museos de escultura sagrada japonesa de los siglos VII- XIII. Bienvenidos al Kofukuji.

En este vasto recinto que es uno de los monasterios más importantes de Nara se conservan religiosamente, bien sea en el templo propiamente dicho o en el museo, instrumentos rituales, estatuas, pinturas y caligrafía, dignos representantes de los tesoros del arte budista. Todas estas maravillas están vigiladas por la esbelta silueta de la famosa pagoda de cinco pisos que es hogar de reliquias.

A pesar de las turbulencias de la historia, las constantes heridas de guerra, los numerosos incendios y desastres naturales, el Kofukuji (fundado en 669 en Uji y transferido a Nara en el año 710) simboliza un lugar de poder, gracias a su pasado y a las obras que viven en él. Por mucho tiempo el templo ha sido cuidado por monjes guerreros (sohei) quienes no siguen los principios fundamentales de la enseñanza de Shakyamuni, el Buda histórico. Este buda rechaza el acto de matar. En cambio estos monjes, alejados de la meditación y el estudio, están armados y luchan sin compasión.

El Kofukuji se convirtió en un templo del estado sin dejar de ser el santuario de la familia Fujiwara. La popular escuela budista Hosso, una de las "Seis sectas de Nara" tuvo aquí su sede. En este lugar de culto y de estudios escolásticos las enseñanzas insistían en la idea que no hay realidad fuera del pensamiento pues los sentidos sólo producen ilusiones. La doctrina propuesta era: "sólo conciencia."

Los Cuatro Reyes celestiales con sus posturas marciales y caras enfurecidas protegían la Ley del Buda (Dharma) y también a Kofukuji, que representaba el poder político de la familia Fujiwara. Las estatuas, de un realismo sorprendente, encarnan una energía profunda, más allá del mundo de las apariencias. Las caras expresivas van más allá de la simple representación.

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