Okayama   岡山

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Estatua de Momotarô frente a la estación de Okayama

Estatua de Momotarô frente a la estación de Okayama

El enorme puente de Seto

El enorme puente de Seto, une Honshu con Shikuko y es parte importante del dinamismo de Okayama.

Okayama tiene buena fama por su clima y es conocida en todo Japón por sus duraznos

Okayama tiene buena fama por su clima y es conocida en todo Japón por sus duraznos.

En Okayama, la imagen de Momotarô aparece en todos lados.

Las llanuras de Kini

Las llanuras de Kini hay rutas para bicicletas y se pasa por varios santuarios.

La cantidad de Kofun en la región de Okayama muestra la importancia del reino en los siglos IV y V.

Indulgencia

Rumbo a Hiroshima, en shinkansen o en coche, debes hacer una parada en Okayama, ciudad encrucijada entre Honshu y Shikoku.

La región de Okayama tiene su humilde fama en Japón: hace buen tiempo durante todo el año. La cordillera que separa la parte norte de Chugoku de la parte sur, impide que las nubes pasen hacia la parte sur de la isla y hace que esta zona esté libre de lluvias.

Es por esto que la región se ha especializado en el cultivo de una variedad frutas, pero las más célebres son el melocotón y las uvas (respectivamente momo y budo en japonés).

Más que el sol, fue la situación geográfica lo que hizo de Okayama una ciudad tan próspera. Okayama está en la costa norte del mar de Seto, en el cruce de tres ríos (Yoshii, Asahi y Takahishi) y en la carretera de Sanyo que conecta la región de Kyoto con la región de Hiroshima: una intersección incomparable.

Además, el Gran Puente de Seto, que mide 1400 metros de largo, conecta la ciudad con la isla de Shikoku, convirtiéndola en una de los principales puntos de conexión entre las dos islas del archipiélago.

Okayama y el melocotón gigante

Los melocotones son la estrella de la región y son fáciles de conseguir por toda Okayama. Pero los melocotones que se consiguen hoy en día no son 100% japoneses (los cuales son muy pequeños y duros), sino el resultado de un cruce hecho con melocotones chinos traídos al Japón en 1875. Suculentos y jugosos, los melocotones Okayama son un verdadero orgullo para los habitantes de la región.

El melocotón es también parte de una de las leyendas más populares de Japón, a su vez también asociada con Okayama. Es la historia de Momotaro, el niño enviado desde el cielo a la tierra dentro de un melocotón para alegrarle la vida a una pareja de ancianos sin hijos.

Un día Momotaro día decide irse para combatir a un demonio y su banda que azotaban la región. A lo largo del camino se encuentra con un mono, un perro y un faisán que aceptan ayudarle en su misión. Con la ayuda de los animales Momotaro derrota al demonio y recupera el tesoro. Luego regresa a donde sus padres adoptivos y vivieron felices para siempre. Los viajeros pueden encontrar figuras de Momotaro y sus tres ayudantes por todo Okayama.

La ciudad de daimyos y de reyes

Las principales atracciones de Okayama son el castillo de la ciudad y los famosos jardines de la Korakuen. Ambos datan del siglo XVII.

Pero mucho antes de que estos se construyeran, Okayama era el centro de Kibi, un reino independiente establecido en el siglo VII de nuestra era. Los templos y vestigios de este reino  están en el noreste de la ciudad y se pueden visitar fácilmente en bicicleta. 

De hecho, la carretera de Kibi, que conecta Okayama con la pequeña ciudad de Soja, es muy popular entre los mismos japoneses a quienes les encanta recorrerla en bicicleta (¡casi 17 kilómetros!). Los visitantes vienen a disfrutar del micro clima de la región y también de las siembras de cosmos y los huertos de las llanuras. La ruta también pasa por lugares sagrados como el santuario Kibitsuhiko, un tesoro nacional.

Otra leyenda cuenta que el príncipe Kibitsuhiko, proveniente del clan enemigo Yamato, fue enviado a la zona para pacificar el reino de Kibi y liberarla de un ogro llamado Ura. Esta leyenda a menudo se asocia con la de Momotaro.

Desde Okayama se puede llegar, entre otros lugares, a Naoshima (la isla de arte), al castillo Matsuyama-jo (que no tiene nada que ver con el de Shikoku), al pintoresco pueblo de Kurashiki y a los pequeños puertos de Tomonoura y Onomichi.