Museo Ghibli   三鷹の森ジブリ美術館

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Diseño inspirado

Entre sintoísmo y fantasía, el autor de La princesa Mononoke y El viaje de Chihiro ha creado un museo un poco barroco y con una arquitectura heterogénea. Un enfoque mágico que deleita al niño interior.

En el país de las divinidades, Miyazaki Hayao, el maestro japonés de la animación, ha diseñado un edificio que celebra el universo de sus obras. Al oeste del Gran Tokio, en Mitaka, en el distrito de Kichijoji , junto al Parque Inokashira, está el icónoco Museo Ghibli (pronunciado djibuli) cautivando a los fanáticos. Aquí el mago rebelde no ha escatimado en llevar la magia de la vida a su máxima expresión usando temas dignos de Shakespeare.

En la entrada, los visitantes son recibidos por Totoro, el famoso vecino. En el universo onírico, las salas están organizadas con un recorrido diseñado por el maestro de la animación. Hay una escalera de caracol, una sala donde se proyecta un cortometraje, una oficina repleta de libros y cacharros arreglados de una manera ingeniosa, una biblioteca imaginaria, miles de dibujos y story-boards que puedes ojear a tu gusto. Y para los más pequeños, existe el gato-autobús, un ícono infantil. En el techo se levanta un gigantesco robot que, como un kami, vigila este universo de sorpresas y descubrimientos.

El estudio de anime

La historia de los estudios Ghibli comenzó en 1985, cuando Miyazaki Hayao los funda junto con su amigo Takahata Isao, autor de La tumba de las luciérnagas y Mis vecinos los Yamada. Una complicidad que duró más de treinta años y que se remonta a su colaboración en la serie de dibujos animados Heidi, animada por el primero y dirigida por este segundo. Los dos amigos escogieron el nombre italiano de un viento caliente del desierto (Ghibli) para ayudarles a realizar su sueño. 

Con el éxito de sus largometrajes, el artista logró generar interés en el anime entre adultos y cinéfilos en general.

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