Sumo   相撲

Fecha de publicación :

Se lanza un puñado de sal sobre la arena como símbolo de purificación. Un ritual del kiyome no shio.

El estadio Ryogoku Kokugikan en Sumida (Tokyo) puede acoger 13.000 personas.

La sala Ryogoku Kokugikan en Sumida (Tokyo) puede acoger 13.000 personas.

Los luchadores de sumo viven en comunidad desde los quince años de edad.

Los luchadores de sumo viven en comunidad desde los quince años de edad.

Una lucha de sumo puede ser abrumadora.

Una lucha de sumo puede ser abrumadora.

Así entrenan los luchadores de sumo.

Así entrenan los luchadores de sumo.

El sumo es una disciplina milenaria.

El sumo es una disciplina milenaria.

Peso, arte y ritual

Una paradójica unión de fuerza bruta y civilización. Unos pocos segundos que cristalizan una violencia entrenada y ritual. Dos cuerpos colosales que chocan y se enganchan, uno de ellos es derribado sacado del círculo y así termina la batalla. Los fanáticos aplauden eufóricamente. Impasibles, los luchadores hacen una reverencia y abandonan la arena muy lentamente. Generalmente se describe el sumo como un deporte de combate, pero esto no expresa su importancia histórica, popular y religiosa.


Los Rikishi (término genérico para los luchadores de sumo) se dedican a este arte desde muy temprana edad. Por lo general, ellos entran a las cuadras de sumo o "heya" cuando tienen unos quince años de edad y permanecen viviendo en esa comunidad día y noche. Allí, con la ayuda del sustancioso chankonabe (una especie de guiso alto en proteínas), su cuerpo se va convirtiendo en el de un luchador de sumo. Se levantan a las 5 de la mañana listos para comenzar el keiko, la sesión de entrenamiento matutina. Luego viene la limpieza de los dormitorios y la meticulosa barrida de los pisos. La dura disciplina de los rikishi aplica a todos los aspectos de su vida.

Gigantes de pies ligeros

Los estiramientos son esenciales y se hacen en grupo, a un ritmo extremadamente preciso y sistemático. El hecho de que los luchadores son tan fuertes no debe hacernos olvidar que el sumo es una técnica. Hay ochenta y dos distintas inmobilizaciones que los luchadores practican todos los días una y otra vez.

Dentro del equipo hay una clara y estricta jerarquía: los hombres más jóvenes sirven y ayudan a los mayores. Ellos son los que preparan el chankonabe, cocinan el arroz y se hacen cargo de todas las tareas domésticas. Existen seis grados dentro de la jerarquía. Los pocos que realmente llegan al más alto, el de Yokozuna, ganan un status casi divino. Los Yokozuna mantienen su título de por vida vida y sus nombres se vuelven historia.

Los titanes al inicio de los tiempos

Según la historia antigua, el sumo comenzó hace unos 1.500 años. El primer rastro de su existencia aparece en 712 en el Kokiji (literalmente "crónica de cosas antiguas"), una de las primeras obras escritas en japonés. El alma japonesa vibra durante las luchas de estos titanes de cabello recogido con un moño que recuerda la hoja de ginkgo, el árbol guardián del archipiélago.

Los combates de sumo son una parte integral del sintoísmo. Estos honran a los kami, las deidades presentes en la naturaleza, con el fin de obtener su buena voluntad y por lo tanto tener una buena cosecha. No es casualidad que el gran estadio donde se celebran las peleas en Tokio, el Kokugikan, tenga un techo como el de un templo. Al interior el estadio tiene un círculo con un diámetro de 4,55 metros que se extiende en un suelo de arcilla. Se trata del dohyo, el círculo que define la victoria o la derrota. Antes de empezar la lucha, se esparce sal por todo el dohyo, una práctica sintoísta para purificar la arena. Así también, el gesto de luchadores de golpear fuertemente el suelo con sus pies sirve para ahuyentar los malos espíritus.

Los grandes torneos, llamados hon-basho, tienen lugar durante dos semanas en diferentes ciudades de todo el archipiélago durante los meses impares. Tokio acoge el hon-basho en enero, mayo y septiembre. Osaka en marzo, Nagoya en julio, y Fukuoka en noviembre. Estos eventos populares son transmitidos en vivo por televisión nacional y son ocasión para grandes reuniones familiares en todo el país.

Caras nuevas

Desde la década del 2000, los luchadores extranjeros han ido ganando muchos de los torneos más importantes. Provenientes de países donde la lucha es importante culturalmente como Egipto, Mongolia y Bulgaria, estos luchadores llegan a tocar la esencia de Japón. Ahora es común ver extranjeros en los status más altos de la jerarquía de sumo. Como cada año el número de candidatos japoneses disminuye, las autoridades han intentado imponer cuotas que limiten el acceso de los extranjeros. Pero muchas de estas medidas son en vano ya que la mayoría de los que compiten por el título de yokozuna siguen siendo inmigrantes con mucho talento.

Algunos ven este fenómenos como el canto del cisne de esta antigua disciplina. Otros lo ven como una prueba de su popularidad. A través de sumo Japón muestra el atractivo universal de su particularidad cultural. La difusión del sumo combina la adaptación y el respeto de las tradiciones, un espíritu fuerte y ligero, que se dobla para renacer.

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