La era Sengoku, la era de las provincias en guerra   戦国時代

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El Castillo de Matsumoto

El Castillo de Matsumoto rodeado de cerezos en flor.

Guerreros samurái en el festival de Kiyomori.

Guerreros samurái en el festival de Kiyomori.

El casco de combate (kabuto) de Nagamasa Kuroda.

El casco de combate (kabuto) de Nagamasa Kuroda.

Fachada del Pabellón de Plata.

Fachada del Pabellón de Plata Ginkakuji.

Jardín seco del templo  Ryoanji.

Jardín seco del templo Ryoanji.

La era Sengoku ve nacer el arte de la ceremonia del té.

La era Sengoku ve nacer el arte de la ceremonia del té.

Castillos, samuráis y Zen

El período Sengoku (1450-1573) marcó un punto de inflexión en la historia de Japón. El poder pasa a manos de los señores locales, el Zen tiene una gran influencia en la cultura y los occidentales hacen su llegada.

El período Sengoku (1450-1573), llamado el de las provincias en guerra, se abre en un contexto político difícil. Dos cortes se enfrentan para establecer su legitimidad: la corte del Sur que favorece el dominio del emperador, y a del Norte que apoya al shogun Ashikaga, quien tomó el poder por la fuerza en 1338. Uno de sus sucesores, Yoshinori Ashikaga, fue asesinado en 1441.

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Comienzan las revueltas campesinas. La debilidad del shogunato se empieza a sentir y los jefes de las grandes familias, los daimyo, emergen gradualmente como la máxima autoridad en sus regiones.

El castillo, un símbolo de poder

Estos señores hacen cumplir la orden a través de los samuráis, que son sus vasallos y les deben completa lealtad. La rivalidades se hacen cada vez más claras; los daimyo usan un casco que representa su clan, los kabuto, y erigen castillos, símbolos de su poder y del progreso de la arquitectura. Los castillos se construyen siguiendo un modelo: una base de piedra, una estructura de madera, una torre rodeada por un foso. El castillo de Matsumoto, considerado uno de los tres más bellos de Japón (junto con el de Himeji y el de Kumamoto), es llamado el "castillo cuervo" por su color negro. Este poder fragmentado conduce a una guerra civil, la guerra de Ōnin (1467-1477), que ve a la oposición de dos familias y termina con el agotamiento de las fuerzas y hambrunas que afectan gravemente a la población.

Jardines Zen

Pero aparte de las constantes luchas por el poder que enfrentan al clan Takeda Shingen con el clan de Uesugi Kenshin, el periodo Sengoku se caracteriza por un auge cultural. Fue en el seno del movimiento Higashiyama bunka ("cultura de la montaña del Este") que se contruyó el Ginkakuji, el templo de plata.

Los jardines secos (karesansui, "kare": material vegetal; "san": montañas "sui": agua) viven su apogeo bajo la influencia del Zen bajo el modelo del Ryoanji, creado en Kyoto 1499. En estos jardines lo elementos naturales son sugeridos, especialmente a través del movimiento de las olas en la grava. En un jardín seco, siempre hay una roca alta y una plana que simbolizan la grulla y la tortuga. Las perspectivas son tales que uno no puede ver todo al mismo tiempo. Un pequeño espacio cerrado debe dar la ilusión de ser enorme.

El arte del té

Otra gran característica de la cultura japonesa se desarrolla alrededor de la ceremonia del té, la chanoyu, cuyas pautas fueron escritas por Sen no Rikyu (1522-1591). Esta ceremonia se caracteriza por la armonía, el respeto, la pureza y la tranquilidad. Su estética está impregnada de los conceptos budistas wabi y sabi.

Los primeros occidentales

Por último, durante el Senkogu Jidai Japón experimenta un importante punto de inflexión: la llegada de los primeros occidentales. Un barco portugués, viendo que se acercaba una tormenta, se refugió en Japón. Este es el comienzo de una gran ola de migración y comercio. Durante su expedición a China, Marco Polo había oído que el "Cipango", como se conocía entonces a Japón, estaba cubierto de oro. En 1584, llegan los españoles. Estos extranjeros son llamados los  "bárbaros del sur" (Nambanjin) y las primeras relaciones se desarrollan normalmente. Su llegada marca el final del periodo Sengoku y el comienzo de la era Azuchi-Momoyama (1573-1603), que verá la unificación del país.

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