Nagasaki   長崎

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El puente Megane en Nagasaki.

El puente Megane en Nagasaki.

El Jardín Glover, evidencia de la influencia extranjera en la antigua Nagasaki.

El Jardín Glover, evidencia de la influencia extranjera en la antigua Nagasaki.

Terriblemente romántico

Un puerto al pie de las colinas escarpadas, una larga historia de comercio exterior, un destino trágico celebrado en voz baja: Bienvenido a Nagasaki, la ciudad más cosmopolita y más agradable en Kyushu.

11:02. ¿Cómo no pensar en esa fatídica hora cuando se está en Nagasaki? Este fue el preciso momento en que las agujas del reloj se detuvieron el 9 de agosto de 1945, cuando la segunda bomba atómica estadounidense explotó en Urakami. Una discreta zona residencial en las colinas del norte de Nagasaki conserva esta memoria. El lugar donde hubo la explosión propiamente dicha es hoy el Parque de la Paz, al lado del Museo de la Bomba Atómica que es cautivador y estremecedor. Cerca también se puede ver el techo verde de la catedral de Santa María, donde muchos feligreses murieron pues la bomba fue lanzada durante el servicio.

La aventura cristiana

¿Una catedral en Japón? Esta es la historia de otro martirio, el martirio cristiano. Vayamos al siglo XVI, cuando los misioneros llegaron a Kagoshima para evangelizar este misterioso archipiélago. Fue en Nagasaki donde los jesuitas tuvieron mayor éxito, construyendo iglesias y convirtiendo a grandes masas.  Así se formó una cadena de comunidades cristianas a lo largo de toda la costa oeste de Kyushu, de Amakusa a Karatsu, pasando por la isla de Hirado.

Tras sus pasos llegaron los comerciantes portugueses y holandeses. Nagasaki comerció con Europa  importando armas, azúcar, libros médicos, y recetas (por ejemplo los pasteles de huevo originales de Castella, famosos tanto en su Castilla natal como en Nagasaki). Pero la aventura no duró mucho tiempo. La religión cristiana fue prohibida y sus seguidores perseguidos (algunos fueron lanzados al lava incandescente del volcán Unzen).

Los barbudos de Dejima 

Pero Nagasaki sigue siendo la capital cristiana de Japón y un símbolo de tolerancia y apertura. En 1641 todos los extranjeros fueron deportados por orden imperial. Todos, excepto los de Nagasaki, que reservó la isla de Dejima en pleno centro de la ciudad, para los rubios y barbudos comerciantes. Allí se instaló la compañía holandesa de las Indias orientales. Al caer la noche, los barbudos se iban al distrito de Shianbashi a las casas de geishas, ​​por ejemplo al magnífico Kagetsu, ahora un restaurante de lujo. Durante dos siglos, Dejima fue el único punto de contacto entre Japón y Occidente.

Loti en Nagasaki

Una nueva ola de colonos llegaron en 1854, cuando Japón se ve obligado a terminar el período de "aislamiento" (sakoku). Estos se instalan en Yamate, que se convirtió en el refinado distrito occidental de Nagasaki, con sus casas coloniales y jardines de rosas. Fue aquí que el escritor Pierre Loti conoció a su esposa, Kiko-san, quien le inspiró a escribir   Madame Crisantemo (1887). Este romántico y encantador Nagasaki todavía se puede disfrutar en el distrito de los mercados holandeses, donde el antiguo consulado francés se ha convertido en una cafetería. También está el Jardín Glover, situado en una colina a cuyos pies se levanta el campanario de la hermosa Iglesia Oura, fundada por los jesuitas franceses en 1864.