Nikko   日光

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"Nieve sobre el puente Shinkyo" un grabado de Hasui Kawase (1930)

"Nieve sobre el puente Shinkyo" un grabado de Hasui Kawase (1930) que representa el famoso puente rojo que marca la entrada a la ciudad de Nikko.

El enorme torii de piedra que conduce al mausoleo de Tokugawa Ieyasu, Nikko.

El enorme torii de piedra que conduce al mausoleo de Tokugawa Ieyasu, Nikko.

El templo Rinno-ji, el primer edificio del complejo de Nikko.

El templo Rinno-ji, el primer edificio del complejo de Nikko.

Un detalle del Tosho-gu, un magnífico exemplo de la arquitectura Momoyama.

Un detalle del Tosho-gu, un magnífico exemplo de la arquitectura Momoyama.

Los tres monos sabios tallados en la madera de del frente del establo de Tosho-gu, uno de los símbolos de Nikko.

Los tres monos sabios tallados en la madera de del frente del establo de Tosho-gu, uno de los símbolos de Nikko.

Monte Nantai en Nikko.

Monte Nantai en Nikko.

Espiritual y natural

Imperdible e inolvidable, el complejo religioso de Nikko (al norte de Tokio) reúne las joyas de la espiritualidad japonesa, desde templos budistas hasta el mausoleo de Ieyasu Tokugawa.

Nikko ha nacido dos veces. La primera vez en 766, cuando el monje Shodo Shonin fundó su retiro espiritual en un magnífico bosque de pinos. El lugar era entonces, y lo fue por casi un milenio, uno de los sitios más importantes de budismo japonés, junto con la montaña sagrada de Koya-san. El segundo nacimiento fue en 1636, momento cuando Japón, pacífico y próspero, entró en la edad de oro del Edo. La familia gobernante, los Tokugawa, hicieron construir el mausoleo de Ieyasu, el gran unificador del archipiélago.  A partir de entonces Nikko se convierte en un símbolo del sincretismo religioso japonés, donde los templos budistas y los santuarios sintoístas coexisten y donde lo divino está por doquier.


Es un sitio muy popular durante todo el año pero se inunda de visitantes en primavera para el festival de Nikko (17 y 18 de mayo): más de un millar de participantes vestidos de samurais Edo recrean la ceremonia del funeral de Ieyasu Tokugawa; también se puede ver las pruebas de Yabusame, ceremonia religiosa de tiro al arco a caballo, vestigio de ritos sintoístas.

De Nikko a Gandhi

A este universo sagrado se llega por un puente que simboliza la separación del mundo secular. El Shinkyo ("puente sagrado"), pintado de rojo, estaba originalmente reservado para el emperador y el shogun (antes de que fuera inundado por miles de visitantes). El paseo continua por un camino hacia la izquierda para entrar en lo que una vez fue el centro budista de la primera Nikko: el templo Rinno-ji, conocido por su "sala de tres Budas". Los interesados también pueden admirar los objetos de culto (mandalas, campanas, etc.) que se conservan en el Museo del Tesoro (frente al templo).

Detrás del templo, el Tosho-gu (1636) marca el segundo período de Nikko, cuando la familia Tokugawa hizo construir el santuario sintoísta más ornamentado de todo el país (15.000 artesanos participaron en su construcción). Con sus piezas doradas, sus colores vivos y sus líneas sinuosas, el templo se considera uno de los mejores ejemplos de la arquitectura Momoyama, manierista y pomposa. Existen otros santuarios Tosho-gu repartidos por Japón, sobre todo en Ueno (Tokio), Koya-san, y Sendai .

Aunque bastante más minimalista, el frente del establo sagrado es mucho más famoso.  Allí están los tres monos tallados en la madera, que todo el mundo en Japón llama Mizaru ( "el que no ve") Kikazaru ( "el que no escucha") y Iwazaru ( "el que no habla"). Ellos simbolizan los preceptos de la secta budista Tendai, inspirados por Confucio: no ver el mal, no escucharlo, no pronunciarlo. Gandhi, sabiamente, transformó esta idea en una regla.

Escapadas en Nikko

Al fondo del santuario hay otro animal espiritual vigilando el lugar: la estatua del gato dormido señala la entrada a la tumba de Tokugawa Ieyasu. Este es el mausoleo más antiguo de este lugar, pero no el único. En en el extremo occidental del complejo también descansa su nieto Iemitsu (el tercer shogun) en el mausoleo Taiyu-in, al que se llega pasando por el santuario de Futarasan-jinja (782).

Aconsejamos tomarse un día entero para disfrutar plenamente la belleza espiritual de Nikko. Puede ser buena idea pasar la noche y dejarse llevar por el encanto de su patrimonio natural. A lo largo del río Daiyagawa, está el suntuoso camino del Kanmanga Fuchi, entre bosques y las extrañas formaciones volcánicas del Monte Nantai. A la llegada, decenas de estatuas de Jizo (el protector de los niños) cubiertas de musgo parecen desafiar al tiempo y proclamar la unión de lo mineral con lo vegetal.

Otro consejo es regresar a la estación de Nikko y tomar un autobús para ir al Lago Chuzenji (30 km), y disfrutar de una excursión acuática (1 hora alrededor del lago en barco) o continuar hasta la espectacular cascada de Kegon no Taki y las aguas termales de Yumoto Onsen.