Ginkakuji   銀閣寺

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Vista del Ginkaku.

Vista del Ginkaku.

Arena surcada del Pabellón de Plata.

Arena surcada del Pabellón de Plata.

Fachada del Pabellón de Plata.

Fachada del Pabellón de Plata Ginkakuji.

Entrada al Pabellón de Plata está rodeada por bambús.

Entrada al Pabellón de Plata está rodeada por bambús.

El templo plateado

Con sus paisajes armónicos y su refinada arquitectura, la belleza del Ginkakuji a menudo supera, en el corazón de muchos japoneses, a la del Pabellón de Oro.

El camino para entrar al templo está flanqueado por dos altos setos de bambú y bellas camelias y se siente como un último abrazo antes de la liberación. Este lugar es un buen ejemplo de la geometría, la armonía y la justicia. Escondido detrás de pinos y arbustos, pero iluminado por el Ginsadan, el "mar de plata" de arena blanca y grava, el Ginkakuji es modesto y comedido, pero igualmente majestuoso.

Un poco más adelante, el estanque dialoga con este Ginsadan mientras que los paneles de madera de la villa le responden a los árboles que lo protegen. Las enormes piedras contrastan con la precisión de los pequeños detalles. Cada elemento está en su preciso lugar, en una perfecta armonía que sólo se rompe con las voces y los clics de las cámaras fotográficas.

Los desaparecidos

A finales del siglo XV, después de diez años de conflicto, Kyoto estaba devastada. La guerra de Ōnin (1467-1477) había arruinado barrios enteros y la zona norte de la ciudad. En 1482, YOSHIMASA Ashikaga (1436-1490), el Shogun, decidió construir una villa lejos de la agitación e incertidumbre la cual fue llamada el Higashiyama-dono, el "Palacio de las Montañas del Este" y sobrevivió a su muerte y el pasar de los siglos. A la sombra del oro del Kinkakuji, el Pabellón de Oro, YOSHIMASA decidió cubrir su casa con una capa brillante de plata. Finalmente Kyoto se levantó y brilló con estos dos metales preciosos que hacen una pareja perfecta, el oro al norte y la plata al este. 

Pero el proyecto nunca de completó pues el shogún murió en 1490 y la villa nunca recibió esta capa delgada de plata. Poco después, el lugar fue transformado por la escuela budista zen Rinzai en un templo, el Jishôji.

Al este, otra montaña

En el vecindario Higashiyama los templos son los reyes. Pero al lado del Honenin o del Zenrinji, el Ginkakuji sigue siendo el ídolo de la ciudad.

La antigua casa consta de tres partes: el Tōgudō (donde hay una estatua del shogun), el Kannon Hall (donde una estatua dorada de Kannon, la diosa de la compasión), y la habitación principal, el Hondo. La villa se mantiene sobria y se puede ver desde afuera pero no se puede acceder a su interior. Se pueden llegar a ver las pinturas de BUSON Yosa (1717-1783) y de TAIGA No Ike (1723-1776). Los jardines sí están accesibles para una relajante escapada.

Después de que uno se sorprende por la presencia del Kôgetsudai, este montículo de arena de dos metros de altura que evoca al Monte Fuji según algunas leyendas, el Ginkakuji invita al visitante a subir más alto para ver mejor sus alrededores. Luego se pasa por el jardín seco y por un jardín de musgo rigurosamente cuidado al borde de la ladera, en medio de la naturaleza. En la parte baja se observa el templo, inmerso en su mundo.

Considerada patrimonio de la humanidad, esta obra maestra de Kyoto no sabe lo que es el silencio ya que todo el tiempo está rodeada de muchos visitantes. Es aconsejable llegar a la hora que el templo está abriendo o aún mejor justo antes de que cierre para disfrutar mejor de la vista y de uno de los momentos más bellos que puedas experimentar durante tu visita a la ciudad. 

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